|
A ciertas horas de la noche, en según que hoteles, eso del “¡Pontelo! ¡Ponselo!” parece lo más conveniente. Una pareja tras otra obedecen la recomendación preservativa. Lo insólito es que, de repente, varios hombres resultan gravemente dañados en sus miembros viriles, precisamente al usar la goma de marras.
|