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La sexualización y la erotización de nuestra sociedad, no sólo nos ponen en contacto con las fuerzas sexuales encuadradas en el ámbito de lo normal, sino que nos acercan peligrosamente a desviacionismos y anomalías sexuales, que operan sobre el individuo y determinan en él una cierta anormalidad en sus reacciones sexuales. La victima, como suele suceder es la juventud.
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