De entre los grandes mitos del cine, Marlon Brando quizás es el más grande, y uno de los más perdurables. Camaleonico, surgiendo una y otra vez de sus cenizas, fue una de las apariciones más deslumbrantes de la pantalla en Un Tranvía Llamado Deseo y El Salvaje, definiendo para siempre la estética de todos los galanes rudos y seductores que le sucederían; después abandonó dicha imagen para inaugurar una nueva mitología, la del desvastado, desolado hombre de mediana edad de El Último Tango en París de los años setenta. Y más tarde, con El Padrino, una nueva encarnación mítica, el ronco patriarca de un mundo de implacables luchas por el poder.