Laurence es aparentemente feliz, pero no conoce la felicidad sino por bocanadas... Comprende pronto que no existe y que no ha existido nunca, que no ha vivido realmente su vida. ¿Cómo no prestar atención a la voz apagada de Laurence? Es la voz de nuestra conciencia. Somos todos cómplices y víctimas de la sociedad que finge creer en los valores antiguos y que morirá si no alcanza a crear otros nuevos...