El diario nació a bordo del barco que conducía a Anaïs Nin, a su madre y a sus dos hermanos, de España a los Estados Unidos. Con sólo once años de edad, Nin poseía ya lo que llamaría más tarde una lucidez inmediata, algo a la vez doloroso y terrible. Su padre, ídolo de la infancia de Anaïs, había abandonado a su familia y dirigido su atención hacia otra mujer, una mijer muy joven.