Lorca trazó día a día, en comunicación epistolar con sus numerosos amigos, una autobiografía puntual y llena de vida. En sus cartas el poeta dejó el reflejo más vivido de su excepcional calidad como hombre y artista. En ellas derramaba sus preocupaciones íntimas, sus cambiantes proyectos literarios, sus admiraciones y juicios críticos, su visión de paisajes y tipos humanos.