En las frías, tiernas y divertidas historias de David Leavitt, todas las familias son desdichadas, cada una a su manera. Los personajes regatean para conseguir el amor, sienten claustrofobia en su agónico matrimonio o protagonizan escenas melodramáticas. El padre mantiene un ojo puesto en la puerta de salida; el hijo crece con una tiránica autoprotección. Cada familia esconde a un extraño.