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Estudio Homofobia y Bifobia en las Aulas 2013
Estudio Homofobia y Bifobia en las Aulas 2013
Más de 5.200 encuestas realizadas el curso 2012/13 reflejan la situación de la diversidad afectivo-sexual en los institutos madrileños
miércoles, 5 de marzo de 2014

Nueve de cada diez alumnos de institutos públicos de la Comunidad de Madrid sienten que hay rechazo hacia lesbianas, gais, transexuales y bisexuales (LGTB) en las aulas de Secundaria. Entre el alumnado que se define como no heterosexual, con edades comprendidas entre los 12 y 17 años, el 80% oculta su orientación sexual en clase por miedo al rechazo. Salir del armario incrementa el nivel de exposición al acoso escolar homofóbico-bifóbico: 1 de cada 10 estudiantes que han revelado su orientación sexual sufre agresiones físicas homofóbicas en su centro educativo -tres veces más que entre quienes deciden mantenerla oculta -.

Del total de 5.272 alumnas y alumnos encuestados, sólo un 24% cree que lo contaría en su clase si fuera lesbiana, gay o bisexual, mientras un 32% no lo haría y un 44% no lo sabe. Y es que casi 1 de cada 4 (el 21,5%) cree que sufriría rechazo si saliera del armario y sólo el 15,5% considera que recibiría el apoyo del resto de la clase; el 63% no sabe qué esperar.

El alumnado de origen extranjero tiene mayores expectativas de rechazo y mayores prejuicios. Sin embargo, no tienen un comportamiento más homófobo que el de sus compañeros con padres españoles, aunque su nivel de victimización sí que es mayor, al unirse factores como la xenofobia y el racismo.

Otro dato relevante es que los varones bisexuales con progenitores de origen extranjero son los más susceptibles de ser víctima de acoso y quienes más rechazo experimentan por su orientación sexual entre sus familias, compañeros y compañeras del instituto.

El estudio revela que la homofobia y bifobia es semejante entre el alumnado heterosexual y el homosexual/bisexual, al ser educados en un contexto homófobo-bífobo. La única diferencia es que aumenta la victimización entre homosexuales y bisexuales, potenciando en ocasiones su homofobia-bifobia, como reacción.

El 42% del alumnado encuestado opina que el profesorado muestra una preocupante pasividad ante comportamientos homófobos en el aula, percepción que llega a un abultado 53% entre el alumnado LGB.

Se han analizado de forma combinada hasta siete dimensiones o variables de la homofobia: prejuicios, comportamiento homófobo, rechazo familiar, discriminación en el IES, rechazo por los compañeros, falta de intervención del profesorado y agresiones físicas. Un 90,27% del alumnado LGB y del que prefiere no revelar su orientación sexual percibe rechazo hacia la homosexualidad o bisexualidad en, al menos, una de estas siete dimensiones, y el 42% en al menos tres; y la percepción por parte del alumnado heterosexual es casi idéntica.

Estos son algunos de los datos presentes en el estudio “Homofobia en las aulas: ¿Educamos en la diversidad?”, presentado en la sede de COGAM el 5 de marzo en un encuentro moderado por el periodista Fernando Olmeda.

Se trata de la investigación más amplia y completa hasta la fecha sobre homofobia y bifobia escolar y ha sido realizada por voluntarios y voluntarias del Grupo de Educación de COGAM durante el curso escolar 2012/2013 en 37 centros educativos de la Comunidad de Madrid.

El coordinador de la investigación, Ekaitz López Amurrio, afirma que “no podemos abandonar a los menores LGB a su suerte, pues la homofobia que perciben como modelo en su hogar convierte en víctimas a los alumnos LGB (o a los que lo parecen). Es necesario contrarrestar esa influencia responsabilizando a toda la comunidad educativa sobre la necesidad de incorporar la educación en la diversidad sexual y de género a través de programas y unidades específicas complementados con acciones transversales, como el uso de un lenguaje inclusivo o el recurso a referentes LGTB en el aula”.

En este sentido, la presidenta de COGAM,  Esperanza Montero, ha indicado que “no podemos pedirle a las y los docentes que se conviertan en héroes y heroínas,  las autoridades administrativas, y en este caso, la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid, debe afrontar el problema mediante protocolos específicos y la formación suficiente al profesorado”.
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